Amigos hasta en la calle Génova

Vivimos días convulsos en los que la ciudadanía de a pie se indigna enormemente. Son días en los que vemos como una persona condenada por un accidente de tráfico (en el que hubo dos muertos) en Cuba vuelve a España en tiempo record y hasta se habla de que conserve su puesto de trabajo y se le permita disfrutar de un segundo grado (sólo pernoctar en prisión) y en los que vemos como un exministro que tuvo un dudoso paso por Bankia es fichado como consejero delegado de Telefónica.
¡Qué bueno es tener amigos! Seguro que usted que me lee ha tenido que pagar hasta el último céntimo de una multa de tráfico y que si ha sufrido la experiencia de quedarse en paro, habrá iniciado el calvario de enviar curriculums, de visitar agencias de colocación y de hacerse fuerte cada mañana para buscar un empleo.
Ellos no.
Ellos disfrutan de un régimen especial, de un régimen que permite ser excarcelado a la velocidad del rayo de Cuba mientras María José Carrrascosa, por poner un ejemplo, se pudre en una penitenciaría de Estados Unidos sin tener ni un solo delito de sangre y cuyo único crimen (según la justicia norteamericana, porque la española le dio la razón) fue querer tener la custodia de su hijo. “A María José Carrascosa que le den” deben pensar en la calle Génova.
Ellos disfrutan del amiguismo y del chanchulleo porque ¿En que empresa se contrata o se ficha a un reconocido inepto que convirtió una entidad de solvencia contrastada en el mayor agujero de la historia financiera de España?
Llámenme imbécil pero yo no quiero “amigos” así. Sigo creyendo en el trabajo honrado, decente y en la Justicia. Llámenme imbécil pero yo no quiero tener amigos “hasta en la calle Génova”.
Buenos días.

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