La falacia del escritor vampiro

«Esto te sirve a ti para otra novela», «Seguro que estás ahí, tomando notas para luego escribirlo» y así muchas veces…

Todos los que nos dedicamos a esto de juntar letras hemos tenido que escuchar esa estupidez más de una vez.

Aclaremos conceptos: No, los escritores no escribimos sobre nosotros mismos ni sobre nuestros amigos o familiares.

Al menos no es esa nuestra exclusiva base de trabajo.

Es cierto que, muchas veces, usamos nombres que nos resultan familiares, describimos a algunos personajes con el físico de gente cercana, o les atribuimos reacciones que nos son propias.

Pero tenemos imaginación.

Si no, seríamos meros cronistas y jamás se hubieran escrito cosas como «Fundación», «La Iliada» o «Spíderman». ¿De verdad alguien cree que Stan Lee fue picado por una araña radioactiva?

Es una falacia aceptada por muchos el que el escritor sea un vampiro de ideas y vivencias. Es cómoda y es confortable.

¿Por qué? Resulta conveniente que los libros no sean «creados» si no «transcritos» ya que así los textos religiosos reciben marchamo de calidad. «Nadie se lo ha inventado, ocurrió así». En la novela «Mindscape» de Robert J. Sawyer, una escritora reivindica este concepto de manera excelente, ya que así la gente de a pie se siente más cómoda y puede seguir creyendo en sus libros sagrados, porque «sólo Dios puede crear».

Reducimos al escritor a mero escribano, despreciamos su capacidad para crear, para inventar, para fabular, porque crear, inventar y fabular es patrimonio exclusivo de los dioses.

No, los escritores no estamos todo el día absorbiendo vivencias ajenas o reflejando las propias. Estamos todo el día imaginando, creando, inventando.

Somos unos mentirosos, pero somos los mejores mintiendo porque inventamos la propia mentira.

Vuelvo

Vuelvo a la radio. Así de fácil y sencillo. Son cuatro palabras. Cuatro palabras que deseaba pronunciar desde hace mucho tiempo, desde que Punto Radio cerró, o fue saldada, en marzo de 2013 y desde que RNE prescindió de Juanra Lucas en julio de 2012.

Han sido años duros y difíciles en los que la crisis me ha dado con el puño cerrado como a tantos y tantos otros. Años en los que he escuchado frases como «estás demasiado preparado para este puesto» o «esto es poco para ti» aunque yo necesitase ese poco.

Por fortuna mi jefe, y aun así amigo, Juan Ramón Lucas vuelve a la radio y yo con él. La historia de qué iba a pasar con las mañanas de Onda Cero ha dado para muchos artículos en confidenciales y demás, pero el resumen es este: vuelve Juanra a la radio, vuelve la Radio.

Estoy feliz. Aliviado y feliz. Y por eso quiero rendir homenaje a los que, en masa y sobre todo desde Twitter, me apoyaron cuando aquel julio que ya se antoja lejano de 2012, prescindieron de nosotros en RNE.

Recuerdo el movimiento #MdeMaceta, no sé si llegó a ser trending topic en Twitter pero si no, poco faltó. Recuerdo esa lluvia de avatares con la maceta que yo lucía por entonces, inundando mi TL. Todavía queda alguien con tiesto verde, mal recortado por @HulkHoygan a todo el que la quisiera, recordándome vuestro apoyo.

Si no hubiera sido por escribir, creo que habría acabado mal. Los libros, que tanta plasta he dado con ellos, han sido la vía de escape de mi creatividad y además me han ayudado a pagar alguna que otra factura. Eso, también, os lo debo a vosotros por vuestro apoyo.

Y no me quiero olvidar de mi mujer, @LaFeaDelBaile, que todos estos años ha tirado de la economía familiar y me dijo aquello de «Ahora, tú escribe». Gracias, mi Amor.

Hoy me habéis inundado las menciones alegrándoos por mi nuevo trabajo, sirvan estas líneas para daros las gracias ya que uno a uno, no llego. Que no se me enfade nadie si sólo hago Fav, pero es que no me da tiempo.

Veo la luz al final del túnel de la crisis, veo lo que he aprendido, veo que hay cosas para las que no se necesita el dinero, veo lo que me habéis dado y sólo puedo decir: GRACIAS.

 

P.D.: No pienso dejar de escribir. Al contrario, ahora con más ganas.

«Palabra de Dios tuitero» de @DiosTuitero

PDDios

Es complicado hacer reír. Lo sé porque muchos de mis años en radio han sido haciendo y ejecutando guiones sobre eso mismo. Lo clásico es pasarse de frenada y quedar como un soso o ser bestia y provocar rechazo. Mi problema es que como espectador, lector u oyente, muy pocas cosas me hacen reír. Soy un público difícil y quitando «The Big Bang Theory», «Sin noticias de Gurb» o algunas cuentas de Twitter, pocas cosas me sacan una carcajada.

Ahí, en la red social del pájaro azul es donde encuentro mi ración diaria de risas genuinas. Hoy, por ejemplo, he llorado de la risa con un tuit de @Sasisoto, otro de @FlanaganMcPhee, uno de @LaFeaDelBaile y alguno que he visto por ahí retuiteado.

En Twitter hay verdadero talento para el humor. Tanto que ya es normal que tu cuñado mande al grupo de whatsapp de la familia una ristra de chistes que en realidad son tuits copiados. El nivel ha llegado al punto de que te pueden llegar tus propios tuits a poco que te despistes, como me pasó a mí en Halloween con el de Rodrigo Rato.

En Twitter es donde he conocido a @DiosTuitero, una cuenta que se dedica a hacernos reír y a criticar lo criticable hoy en día, es decir, todo, con elegancia y tino, parodiando a la divinidad suprema. Veamos un ejemplo, a mí gusto excelente:

@DiosTuitero: Se me fue la mano creando hijoputas.

Ahora este dios que adora la música indie, que siempre tiene una puntilla que dar a lo que hacen nuestros gobernantes y su ¿? oposición, saca libro: «Palabra de Dios Tuitero» y con él te ríes con ganas. Una comparativa Superman vs. Dios Tuitero, un test para detectar nuestra santidad, un resumen exprés de la Biblia que ya quisieran los de @LibrosResumidos, los diez mandamientos masticaditos o la Santísima Trinidad explicada para dummies, componen esta divertidísima lectura que es un regalo fabuloso para el cuñao meapilas de la casa, a ver si se toma las cosas con más humor, o para el ateo radical, para que empiece a creer en Dios Tuitero.

Advertencia: Me consta que la monja Sor Lucia Caram es fan de @DiosTuitero, así pues que nadie se enfade ni se ponga talibán, ¿estamos?

Que @DiosTuitero os bendiga a todos.

Edita: Penguin Random House.

«Lo que el hielo atrapa» de Bruno Nievas

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Soy muy maniático con mis lecturas. De un tiempo a esta parte no hago más que leer manuales de escritura, cursos de literatura y cosas así, pero siempre saco tiempo —por lo general, por la noche— para disfrutar como lector. El problema es que como quiero ser escritor, tengo que leer a los grandes, a los clásicos y a los que innovan.

Todo eso está en «Lo que el hielo atrapa».

¿Donde está la innovación? Es una novela de aventuras que narra la expedición de Shackleton a la antártida. ¿No?

Sí, mi querida voz en off. La genialidad reside en su planteamiento. Desde hace tiempo se especula con quién era esa «cuarta presencia» que Shackleton contó que a veces les acompañaba en el hielo… Bruno nievas le da nombre, apellidos y una historia fascinante.

Segunda innovación: la estructura de la novela. Plagada de flashbacks, recuerda a la serie de televisión «Lost» pero, claro, con un buen guión y sin cabos sueltos absurdos —Lo siento por los fans de «Perdidos», pero si bien la primera temporada me pareció una genialidad, el resto me resultó infumable—. Estas escenas del pasado nos ubican a todos y cada uno de los personajes, dotándolos de una descripción y unas motivaciones cuyos desarrollos rozan lo obsesivo.

Creo firmemente que parir esta novela ha sido una suerte de obsesión para Nievas, la documentación que ha debido manejar se me antoja descomunal, con detalles como la comida, la música, los materiales, logrando ambientar de manera soberbia esta epopeya. Sé que han sido dos años trabajando en ella, desde luego ha aprovechado cada minuto de ellos.

¿Por qué dices que es clásica?

Por su segunda estructura, la de la trama principal. Sigue un patrón efectivo y conocido: el de la sucesión de pruebas y su superación, pero bañándolo en una narración en la que se solapan acción y emociones, donde los personajes piensan, se quejan, evolucionan y cambian de manera creíble.

No voy a preguntar ya por lo de «grande»…

Pero te lo voy a responder: «Lo que el hielo atrapa» eleva a la categoría de Grande a Bruno Nievas por una razón muy sencilla, no sobra ni falta nada. Todo cumple la función para lo que ha sido escrito: entretener. Y lo hace de manera amena, directa y vibrante. Además no hay blanco y negros, hay gris. No hay buenos y malos, hay personas. Hay seres humanos embarcados en lo que, probablemente, fue la última gran aventura sobre la superficie de la Tierra.

En resumen, en «Lo que el hielo atrapa» Bruno Nievas consigue que sientas el frío atroz de la Antártida, que empatices con sus personajes y que te agobies pensando en si saldrán con bien de esta aventura.

Edita Ediciones B y está disponible en digital y papel.

Nada más que añadir. Ahora a volver a dar la tabarra a Doc Nievas para que escriba otra novela.