Bruno Nievas

«Lo que el hielo atrapa» de Bruno Nievas

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Soy muy maniático con mis lecturas. De un tiempo a esta parte no hago más que leer manuales de escritura, cursos de literatura y cosas así, pero siempre saco tiempo —por lo general, por la noche— para disfrutar como lector. El problema es que como quiero ser escritor, tengo que leer a los grandes, a los clásicos y a los que innovan.

Todo eso está en «Lo que el hielo atrapa».

¿Donde está la innovación? Es una novela de aventuras que narra la expedición de Shackleton a la antártida. ¿No?

Sí, mi querida voz en off. La genialidad reside en su planteamiento. Desde hace tiempo se especula con quién era esa «cuarta presencia» que Shackleton contó que a veces les acompañaba en el hielo… Bruno nievas le da nombre, apellidos y una historia fascinante.

Segunda innovación: la estructura de la novela. Plagada de flashbacks, recuerda a la serie de televisión «Lost» pero, claro, con un buen guión y sin cabos sueltos absurdos —Lo siento por los fans de «Perdidos», pero si bien la primera temporada me pareció una genialidad, el resto me resultó infumable—. Estas escenas del pasado nos ubican a todos y cada uno de los personajes, dotándolos de una descripción y unas motivaciones cuyos desarrollos rozan lo obsesivo.

Creo firmemente que parir esta novela ha sido una suerte de obsesión para Nievas, la documentación que ha debido manejar se me antoja descomunal, con detalles como la comida, la música, los materiales, logrando ambientar de manera soberbia esta epopeya. Sé que han sido dos años trabajando en ella, desde luego ha aprovechado cada minuto de ellos.

¿Por qué dices que es clásica?

Por su segunda estructura, la de la trama principal. Sigue un patrón efectivo y conocido: el de la sucesión de pruebas y su superación, pero bañándolo en una narración en la que se solapan acción y emociones, donde los personajes piensan, se quejan, evolucionan y cambian de manera creíble.

No voy a preguntar ya por lo de «grande»…

Pero te lo voy a responder: «Lo que el hielo atrapa» eleva a la categoría de Grande a Bruno Nievas por una razón muy sencilla, no sobra ni falta nada. Todo cumple la función para lo que ha sido escrito: entretener. Y lo hace de manera amena, directa y vibrante. Además no hay blanco y negros, hay gris. No hay buenos y malos, hay personas. Hay seres humanos embarcados en lo que, probablemente, fue la última gran aventura sobre la superficie de la Tierra.

En resumen, en «Lo que el hielo atrapa» Bruno Nievas consigue que sientas el frío atroz de la Antártida, que empatices con sus personajes y que te agobies pensando en si saldrán con bien de esta aventura.

Edita Ediciones B y está disponible en digital y papel.

Nada más que añadir. Ahora a volver a dar la tabarra a Doc Nievas para que escriba otra novela.

Kryptos

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Este es un proyecto que me hace especial ilusión: Kryptos, la nueva novela de mi amigo Blas Ruiz Grau.

«Ya está el pesado del calvo haciendo publicidad a los libros de sus colegas.»

Por supuesto. Pero es que en esta novela hay un elemento que la diferencia del resto de novelas de Blas, de las mías, de las de cualquiera: solidaridad.

Kryptos nace con un objetivo claro: ayudar a los críos que debido a esta estafa llamada crisis, no tienen ni para comer. España ostenta el vergonzante honor de ser el país occidental donde el umbral de la pobreza se ha disparado más alto en los últimos diez años. ¿Y que hacen los responsables? Nada. Es más, incluso cierran los comedores escolares en época estival «para que no se vean los niños pobres» –No sé si esta frase es textual, pero me suena que alguna barbaridad así ha dicho alguno de nuestros gobernantes–. Por este motivo, y porque no sabemos hacer otra cosa que escribir, Blas nos ha liado a un grupo de juntaletras para hacer una novela cooperativa y solidaria: Kryptos, un thriller de acción que os hará pasar unas horas de lectura fabulosas y con el que ayudaréis a Educo, una ONG que se dedica a echar una mano a los más pequeños.

«¿Significa esto que Kryptos va a ser un libro moñas?»

No, mi querida voz en off, ni mucho menos… El planteamiento original de la novela, los primeros capítulos que nos pasó Blas a sus colegas, son vibrantes, rápidos, acción pura. Kryptos es adrenalina en páginas para que viváis un thriller tecnológico ambientado en Washington DC. Hay explosiones, tiros, sistemas de encriptación, villanos clásicos… Y dos protagonistas que os van a enamorar. Tiene todos los elementos para convertirse en un novelón de acción.

Además Blas tuvo la genial idea de pedir en Twitter que sus seguidores le mandasen una frase que quisieran ver en el libro. Seleccionó tres. La que me tocó a mí es de la periodista de TVE Ana Ruiz Echauri y os juro que esos 140 caracteres hicieron que mi cabeza armara todo un capítulo muy dramático.

«¿Dramático tú? ¿El majadero que escribe novelitas de risa de títulos enormes?»

Sí, voz en off. Blas me ha permitido hacer lo que me diese la gana y como sigo estudiando para intentar algún día ser escritor, he aplicado lo poco que sé y lo mucho que he leído para sumergirme en el Irak dominado por los talibanes. He disfrutado mucho escribiendo mi parte y sé que no se parece en nada a «Antonio mató a Luis en la cocina…» pero también sé que era lo que tenía que hacer.

Estamos aún escribiendo, estamos puliendo detalles, pero creo que es necesario que conozcáis de primera mano que aún podemos hacer cosas ante la inacción de nuestra clase política y además que disfrutéis.

«Ya, pero… Aparte de ti y Blas, ¿quién más pone palabras a Kryptos?»

Ahí está lo mejor: El doctor de la novela moderna española, el hombre que la sacó del letargo con «Holocausto Manhattan», Bruno Nievas, está en el proyecto; el filósofo del #MystiCool, el siempre sagaz autor de «Los pasajeros», Gabri Ródenas pone su grano de arena y el Rey de la Novela Negra patria, César Pérez Gellida, padre de «Memento mori» también se ha unido a esta historia.

Contamos además con las buenas artes de Luis Endera, amigo nuestro, claro, y director de cine con el que vamos a hacer un minidocumental sobre la génesis de este proyecto.

Y para ponerlo bonito y que luzca pintón, el portadista Chevi está colaborando codo con codo con Blas para que Kryptos tenga una estética que acompañe.

Por mi parte ya solo me queda pedir que cuando salga a la venta nos ayudéis a difundirlo. Os vamos a dar la plasta y mucho por Twitter, Facebook, medios de comunicación y hasta en la cola de la carnicería, pero es que Kryptos lo merece.

Indies haciendo el indio

En primer lugar debo pedir disculpas por el espantoso juego de palabras del título de este post, pero no es mío (afortunadamente). Esta frase se la escuché a un autoproclamado gurú creativo a tenor de la proliferación de autores independientes. “Estos, los que van de indies y sólo hacen el indio con sus subproductos mal editados, no van a llegar a nada”.

Una frase muy motivadora, querido amigo al que no pienso citar porque cuando abrí este blog decidí sólo reseñar aquellos libros que me gustasen y hablar de lo que me apetecía y no me apetece decir su nombre.

Con todos mis respetos, pero este señor es un imbécil (Y que me perdonen los señores de verdad y los imbéciles) de los que siguen viviendo en el siglo XIX. Sí, es cierto que hay algunos libros autoeditados que adolecen de baja calidad en sus portadas, en su maquetación, pero ¿Quién es él para decidir que es lo bueno y que es lo malo? Mucha gente pensará que lo mío es una porquería, que lo suyo es mejor y que ellos escriben mejor que yo. No lo dudo, es más, estoy convencido de que hay dentro de cada ser humano un narrador esperando a salir. Y hoy es más fácil sacarlo a la luz.

Luego el público hará su criba. Afortunadamente a lo mejor no es el público de España el que elige a un autor “de esos que hacen el indio” y encuentra su público más allá del Atlántico. O a lo mejor triunfa a aquí y hay bofetadas porque fiche con esta u otra editorial. Vete tú a saber, pero no nunca lo sabremos si hay un filtro que impiden que grandes novelas, enormes películas, fabulosas canciones, tengan que pasar el filtro de una editorial “seria”.

Pero no, nosotros hacemos el indio. Me encanta la frase por las connotaciones positivas que encierra para alguien que, como yo, se dedica a escribir chorraditas de humor y que va encontrando poco a poco a sus lectores, a los que me debo.

¿Hizo el indio Bruno Nievas al colgar su primera novela gratis en Internet? ¿Hizo el indio Enrique Laso que ha llegado a ser el número 1 de ventas MUNDIAL autoeditándose? ¿Hace el indio Luis Endera al conseguir financiar mediante crowfunding su primer largometraje? Mire, individuo, si estos creadores hacen el indio, quiero estar en el mismo tipi que ellos.

Voy a seguir haciendo el indio… Que tengo una novela a medias.

Sigo escribiendo…

Holocausto Manhattan, de Bruno Nievas

Holocausto Manhattan“Un profesor de universidad obsesionado con una nueva droga. Una agente de policía novata en un sistema corrupto. Un misterioso millonario en silla de ruedas… y una bomba atómica que se dirige al centro de Manhattan. Es 10 de septiembre de 2010. Pero este es solo el final de la historia. Auschwitz, febrero de 1944. Aquí comenzó el fin del mundo.” (Del blog de Bruno Nievas)

Este resumen se queda tan corto… Comencé la lectura de “Holocausto Manhattan” casi al acabar “Realidad Aumentada” (La primera novela de Nievas) y con la sensación de que ahí había un enorme autor que podía contar excelentes historias. No me equivoqué.

En “Realidad aumentada” Nievas tontea con la ciencia ficción de una manera muy inteligente, pero lo que hace en “Holocausto Manhattan” es enseñarle a Hollywood lo que tiene que ser una historia de acción.

Es así: más que una novela son dos, con sus dos tramas separadas en el tiempo que confluyen espectacularmente y que te tienen decidiendo cual te atrapa más a cada página.

Además Nievas no parece querer lectores comodones porque te obliga a ubicarte sin indicación previa. No hay títulos de capítulo tipo “Manhattan, 2010” o similares, sino que su estilo cambia, su prosa varía como lo hace un director de cine (uno bueno) con la fotografía y el ritmo. La única comparación visual que se me ocurre es “El último emperador” con sus juegos de iluminación que te sitúan en el marco temporal.

Los personajes están maravillosamente construidos y los adoras o detestas rápidamente. Incluso puedes simpatizar con un canalla o, para mi gusto lo mejor, con una víctima que en manos de cualquier otro escritor sería un “secundario sin nombre”.

Podría contar más cosas, pero no quiero destripar nada, y debo acabar aquí con esta recomendación: si este verano tienes tiempo para sólo un libro, que sea “Holocausto Manhattan”.

Disfrutémosla hasta que Hollywood la adapte y la estropee.

Sigo escribiendo…